Hilarión de Bengoa, músico euskaldún en Madrid

El Memorial literario, instructivo y curioso de la Corte de Madrid fue una revista (mensual primero y quincenal después) que estuvo saliendo entre enero de 1784 y diciembre de 1790, año en que fue suprimida por el gobierno, como casi todas las demás cabeceras de la prensa española, ya que se quería evitar la propagación al sur de los Pirineos de la Revolución que estaba triunfando en Francia.

En la crónica de “Una fiesta de toros” que apareció en el número de octubre de 1785, y que daba cuenta de algunas corridas que “en los días 3, 7, 17 y 24 de este mes se hicieron en la Plaza extramuros de la Puerta de Alcalá” (la principal plaza de toros de Madrid desde 1749 hasta su demolición en 1874), leemos este párrafo, relativo a la corrida del 24 de octubre (regularizo la ortografía conforme a la norma académica actual):

Salió Hilarión de Bengoa, músico de la villa de Durango, en el Señorío de Vizcaya, tocando con tamboril y silbo la marcha prusiana; el que iba precedido de una lucida comparsa de ocho toreros, que con picas o chuzos se pusieron en las inmediaciones del toril para lancear al noveno y décimo toro; en cuyos intermedios el referido músico, que ya se había subido a un balcón, estuvo tocando el malbruk y la danza vizcaína, con otros sones que se acostumbran en Vizcaya, característicos de las romerías y regocijos del expresado Señorío.

Sabemos por documentación de archivo que hubo un Hilarión de Bengoa, vecino de Durango, que probó su hidalguía ante las Juntas Generales de Guipúzcoa en 1783. Es seguro que el tal hidalgo debió de ser nuestro músico, o, si no, un pariente suyo del mismo nombre, acaso su padre. Y conocemos gracias a Juan Garmendia Larrañaga y a su excelente artículo “1788. urtea, festa ospakizunen inguruko berriak” —en San Juan Jaiak 1996 Tolosa, Tolosa: Tolosako Udala, 1996— un documento de enorme interés que prueba que un tal Hilarión de Bengoa, con certeza el músico que a nosotros nos interesa, fue contratado en 1788 por la villa guipuzcoana de Tolosa para que “recorra las calles con tamboril y silbo, según costumbre”, o bien “tañendo el pífano”, en las fiestas de “las mañanas de Año Nuevo” y en “Reyes, Santo Ángel de la Guarda, Cruz de Mayo, Ascensión del Señor, Corpus y su Octava, San Juan Bautista, Santa Ana y San Ignacio de Loyola”, además de en los días de carnaval.

La noticia de la contratación del hidalgo vasco Hilarión de Bengoa para que amenizase la corrida de toros que fue celebrada en la desaparecida plaza (que inmortalizaron Goya, Doré, Manet) de Madrid el 24 de octubre de 1785, en la que interpretó un repertorio musical tan variopinto como la marcha prusiana, el “malbruk” (es decir, el internacional y cosmopolita Mambrú) “y la danza vizcaína, con otros sones que se acostumbran en Vizcaya”, nos ofrece informaciones breves pero relevantes acerca del repertorio, la movilidad, la versatilidad de quien debió de ser aventurero y muy espabilado músico vasco, y del hibridismo que se halla siempre en el corazón de toda cultura popular viva.

Deja en el aire, asimismo, muchos interrogantes. ¿Serían regulares las actuaciones del músico vasco en Madrid y en otros lugares? ¿En celebraciones taurinas o en festejos también de otros tipos? ¿Cómo compaginaría aquellas salidas con los contratos y compromisos que le ligaban a las villas de Vasconia? ¿Llegaría Hilarión de Bengoa a hacerse un nombre entre los músicos populares del Madrid del momento? ¿Hasta qué punto se impregnaría su repertorio, que debía de ser esencialmente ‘vizcaíno’, en aquellas expediciones al exterior, de los repertorios vivos en otros parajes? ¿Habría otros músicos que sacaron de manera regular el folclore vasco de sus dominios naturales y lo llevaron, en un siglo como el XVIII en que el viajar era empresa muy lenta y peligrosa, hasta tan lejos? ¿Qué tipo de recepción y de integración tendría ese folclore en Madrid y en otros lugares en que la música popular vasca sonaría a rareza más o menos exótica?

Ojalá venga el futuro a descubrirnos más documentos y datos acerca de aquel singularísimo hidalgo, músico y viajero de Durango, y acerca de otros vascos que se metieron en correrías parecidas, y a arrojar luz sobre alguno de esos misterios.

José Manuel Pedrosa – Profesor de la Universidad de Alcalá

Créditos fotográficos:

Primera: José Arrue. Tarjeta postal. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

Segunda: Memorial literario instructivo y curioso de la Corte de Madrid. Madrid, 1785. Hemeroteca Digital BNE.

Texto en euskera.

Apuntes anteriores de José Manuel Pedrosa: El vestido peligroso (1), El vestido peligroso (2), Cartomancia, crimen y drama rural y El ladrón ahorcado por un cerdo.


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