Chirleras

Txirlak. Idoia Tolosa
Txirlak. Idoia Tolosa. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

Históricamente, salvo en casos excepcionales, la mujer ha sido relegada a roles circunscritos al ámbito doméstico y familiar. Entre sus obligaciones estaba además el cuidado de la sepultura familiar en la iglesia, concebida esta como extensión de la casa.

Pero a pesar de ello ha habido numerosas ocupaciones y trabajos fuera del hogar desempeñados en su mayoría por mujeres y considerados por lo común de segunda. Nos referimos a los oficios de parteras, costureras, maestras, bendejeras, lecheras…, por citar algunos; y de rederas, neskatilas, sardineras y chirleras, entre otros, en poblaciones costeras.

El pasado año 2018 realizamos por encargo del Ayuntamiento de Busturia (Bizkaia) un relato en vídeo titulado Busturiko emakumeak, bizitzaren ardatzean. Tuvimos al efecto la suerte de entrevistar a mujeres de la localidad que se han dedicado a lo largo de su vida a muy diversas tareas. Una de ellas Rosa Mari Mintegi, que durante las dos últimas décadas se ha dedicado al oficio de chirlera profesionalmente. Aquí sigue un breve resumen de lo que conlleva dicho modo de ganarse la vida.

Un grupo de entre 17 y 20 mujeres marisquea a pie en la ría de Urdaibai durante las seis horas que dura la marea baja. Capturan almejas finas, a las que llaman ‘chirlas’, enterradas en la arena, comenzando en octubre y hasta febrero, aunque a menudo la temporada se prolonga hasta marzo. Trabajan pues durante seis meses y descansan durante otros seis, en los que a pesar de no cobrar, siguen cotizando a la seguridad social.

Atxurren. Idoia Tolosa
Atxurren. Idoia Tolosa. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

Para extraer las almejas utilizan tan solo una pequeña azada de mango corto, o atxurtxua, y un balde, siempre provistas de guantes. Dos diminutos agujeros en la arena, llamados begiak, indican la ubicación de la almeja. Una vez localizada, se desentierra con la punta de la azada. En caso de no hallar pistas, se va cavando por zonas, atxurren egin, tratando de averiguar su paradero. Comenta nuestra encuestada que últimamente ha entrado mucha cantidad de arena y que las condiciones son peores.

Según nos cuenta, la faena es dura, ya que se trabaja en una postura muy incómoda —kebrauta amaituten dozu eguna ‘terminas el día doblada’, dice literalmente—; pero aun así, considera que es un trabajo sumamente entretenido en el que las horas pasan sin enterarse.

El tamaño mínimo establecido que debe alcanzar la chirla es de 38 mm. La captura depende del día, de la marea, de la luna, y de las condiciones climatológicas; y puede variar, por poner un ejemplo, de ocho unidades a ocho kilos. Nos hace saber que la almeja es muy caprichosa, que no le gusta el viento, y que prefiere los días grises —egun ustel-usteltxuak, son sus palabras—, la lluvia fina y persistente, conocida en el entorno como txirimiria, y la niebla.

Rosa Mari Mintegi, chirlera. Idoia Tolosa
Rosa Mari Mintegi, chirlera. Idoia Tolosa. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

En un tiempo también se ocupaban ellas mismas de la venta directa a particulares y a los restaurantes de la zona. Posteriormente la normativa obligaría a entregar todo lo recogido en la lonja de la cofradía de Mundaka (Bizkaia) para que se encargara de la distribución.

Los secretos de este oficio se han ido transmitiendo de madres a hijas y en algunas familias ha gozado de gran tradición.

Akaitze Kamiruaga – Departamento Herri Ondarea – Labayru Fundazioa


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