Juegos infantiles en la naturaleza

Zapaburuetan. Ziortza Artabe
Zapaburuetan. Ziortza Artabe Etxebarria. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

Haurrak, haurlan, reza el refranero vasco, o como también se suele decir, el ‘trabajo’ de los niños y las niñas es jugar. Y tradicionalmente gran parte de esa actividad lúdico-infantil se ha llevado a cabo al aire libre.

Durante sus juegos los niños y las niñas se relacionaban con los animales. A la mariquita, por ejemplo, se le atribuía la virtud de adivinar el tiempo que iba a hacer. Así, colocaban el preciado insecto en el dedo índice de una mano y mientras trepaba a la punta del mismo le decían estas palabras:

Marigorri, gona gorri,
bihar eguzki ala euri?

(Mariquita, faldirroja, / ¿lucirá el sol o lloverá mañana?)

Si volaba, era presagio de que haría buen tiempo; de lo contrario, llovería.

Txirritxirrietan. Novedades. San Sebastián, 1911
Txirritxirrietan. Novedades, 1911. Euskal Biblioteka. Labayru Fundazioa.

Era también típico ir a por grillos. Para descubrir el escondrijo donde se ocultaba el grillo, primero había que averiguar de dónde venía su canto. Una vez localizado, se procedía a sacarlo con ayuda de un tallo de hierba o un palito. Lo habitual era guardarlo en una pequeña jaula y cuidarlo, para así poder disfrutar de sus serenatas.

Otro de los grandes entretenimientos de los niños de las zonas rurales era ir a buscar nidos de pájaros. Iban generalmente en grupos reducidos y solían después alardear ante los demás del número de nidos descubiertos, especificando las clases de pájaros y en qué fase se encontraban, sin revelar, eso nunca, el lugar donde anidaban.

Chicas y chicos acudían a fuentes, abrevaderos, charcas y riachuelos a atrapar renacuajos o a bañarse. Algunas se aficionaban a la pesca y captura de bermejuelas, anguilas, cangrejos…

Arrantzan. Novedades. San Sebastián, 1912
Arrantzan. Novedades, 1912. Euskal Biblioteka. Labayru Fundazioa.

Se dedicaban asimismo a actividades relacionadas con el reino vegetal. Algunos se entretenían soplando ‘abuelitos’, desojando txibiritas o confeccionando adornos con flores y hojas diversas. Otra ocupación favorita de la chiquillería era la recolección de frutos silvestres. Sabían cuando era tiempo de ir a los zarzales a darse un atracón de moras y de paso divertirse pintándose la cara con ellas. Y los más atrevidos se aventuraban a coger fruta de árboles ajenos.

Ha sido además costumbre muy extendida en toda Euskal Herria vaciar una calabaza, cortarle varios orificios en la corteza que representaran los ojos y la boca y colocar en su interior una vela encendida. Al anochecer se dejaba allí donde pudiera asustar a los viandantes.

La falta de espacios libres en los núcleos urbanos y la fascinación por las nuevas tecnologías han condicionado la forma de jugar que tienen los niños y las niñas de hoy en día. A su vez, las actividades extraescolares han cobrado mayor protagonismo en detrimento del tiempo para jugar, que precisamente debería ser su quehacer principal.

Las transformaciones ocurridas en el mundo adulto se han visto reflejadas en el mundo infantil, de modo que la supervivencia de ciertos juegos tradicionales depende en gran medida de que quienes los hayamos conocido los trasmitamos.

Ziortza Artabe Etxebarria – Departamento Herri Ondarea – Labayru Fundazioa

Texto original en euskera.

Para más información puede consultarse el tomo dedicado a Juegos Infantiles del Atlas Etnográfico de Vasconia.


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