San Juan de Gaztelugatxe

San Juan de Gaztelugatxe. Bermeo (Bizkaia), 1994. José Ignacio García
San Juan de Gaztelugatxe. Bermeo (Bizkaia), 1994. José Ignacio García Muñoz. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

Durante siglos San Juan de Gaztelugatxe, santuario marítimo dedicado al martirio de san Juan Bautista, ha sido uno de los destinos de peregrinación más importantes de la costa de Bizkaia, al que se ha acudido a rezar, a pedir, a prometer, a agradecer…, pero también en busca de experiencias estéticas y paisajísticas sin igual. Sobre el islote, unido a tierra por un puente de dos arcos, se hallan la capilla y una casita donde antiguamente vivía un ermitaño. Son 232 los escalones de piedra que componen el camino para llegar a la ermita, aunque la tradición sostiene que en otro tiempo había tantos como días tiene el año. Muy cerca se encuentra la casi inabordable isla de Aketxe.

Escalones de ascenso al santuario. José Ignacio García
Escalones de ascenso al santuario. José Ignacio García Muñoz. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

Gaztelugatxe encierra cantidad de secretos, leyendas, ritos y creencias. Cuenta la historia que Juan el Bautista fue decapitado por orden de Herodes, y su cabeza llegó, según relatos medievales, hasta Aquitania en 1010, difundiéndose entonces su culto. La existencia de un castillo en la cima del peñón, de ahí el nombre del lugar, está documentada desde el siglo XI.

Antiguas prácticas de medicina popular son seña de identidad del santuario. Mujeres que no podían ser madres traían prendas u objetos de bebé a la imagen de santa Ana con la Virgen y el Niño que aquí se encuentra. Se acudía asimismo con niños que padecieran trastornos del sueño, siendo preciso para su sanación presentarlos y rezar un rosario en la ermita tres viernes consecutivos. Para evitar o tratar los dolores de cabeza era costumbre dejar en el templo una txapela, una horquilla o una aguja de pelo clavada. Y los tartamudos ofrecían a san Juan las monedas que eran capaces de encerrar en el puño de una mano.

Romería de San Juan, 1993. José Ignacio García
Romería de San Juan, 1993. José Ignacio García Muñoz. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

Cuentan que san Juan, tras desembarcar en el puerto vizcaino de Bermeo, llegó hasta la cumbre del peñón dando tres gigantescos pasos. Ha existido la costumbre generalizada de introducir los pies en las ‘pisadas’ que el santo dejó grabadas para prevenir callos y callosidades. Hemos constatado, además, que eran numerosos los peregrinos que ascendían descalzos, algunos de rodillas, como sacrificio o promesa que debían cumplir.

A las peregrinaciones colectivas y fiestas asociadas a ellas se les llama erromeriak. Así, y coincidiendo con el solsticio de verano, cada 24 de junio miles de romeros de Bermeo acuden a Gaztelugatxe para celebrar el nacimiento de san Juan. Se oye misa, se deja limosna, se toca la campana y muchos compran escapularios; todo ello en un ambiente festivo. La romería desde el relativamente cercano municipio de Arrieta tiene lugar el 31 de julio y son en su mayoría vecinos de Bakio quienes conmemoran la degollación del santo el 29 de agosto.

Tocando la campana el día de San Juan de 1993. José Ignacio García
Tocando la campana el día de San Juan de 1993. José Ignacio García Muñoz. Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.

La posición que ocupa el templo ha propiciado su estrecha relación con navegantes y embarcaciones. Se bendecían los barcos pesqueros con agua bendita y se rogaba por protección y suerte arrojando por la borda, prendido en llamas, una pequeña ‘carga’ del ramillete de San Juan, o sanjuan-kargea, y trazando con la embarcación tres círculos en el mar. Era frecuente que grupos de mujeres o familiares de los arrantzales acudieran a San Juan para solicitar buena pesca. También se solían colgar en el interior de la ermita maquetas de barcos y chalupas exvotos.

Más recientemente, con la pérdida del sentido de lo sagrado, Gaztelugatxe ha dejado de ser centro de espiritualidad y religiosidad popular. Las nuevas peregrinaciones y el turismo de masas han modificado profundamente el perfil de los visitantes y el motivo de su viaje. Los turistas de hoy se interesan, sobre todo, por el paisaje, las fotografías y por hacer sonar la campana, costumbre remota que era parte de los rituales ya citados y que ahora tiene más de superstición que de fe.

Zuriñe Goitia – Departamento Herri Ondarea – Labayru Fundazioa

Se ha utilizado como referencia bibliográfica la publicación Historia, tradiciones y secretos de San Juan de Gaztelugatx de Anton Erkoreka.


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