Lavanderas en el paseo de Los Caños

Lavanderas en el paseo de Los Caños. Fotografía de Eulalia Abaitua. Cortesía de Euskal Museoa Bilbao Museo Vasco.
Fotografía de Eulalia Abaitua (ABA–00834). Cortesía de Euskal Museoa Bilbao Museo Vasco.

Tomo la invitación de Segundo Oar-Arteta para presentar en este blog a Eulalia Abaitua (Bilbao, 1853–1943).

A algunas personas os sonará, otras no sabréis quién es. Espero que estas líneas sirvan para difundir la contribución que esta mujer nos ha dejado a través de sus fotografías, tomadas entre finales del siglo XIX y principios del XX.

Bilbaína de nacimiento, begoñesa de sentimiento, de familia burguesa, esposa, madre, viuda, abuela…, es ante todo una gran fotógrafa, la primera de la historia vasca, cuyo archivo fotográfico, con 2500 registros, se custodia en el Museo Vasco de Bilbao.

Como se suele decir que de muestra vale un botón, quiero enseñaros una de sus fotografías. Podría titularse Lavanderas en el paseo de Los Caños, pero la autora no lo reseñó. La imagen es en blanco y negro, y se soporta en un vidrio estereoscópico positivo (4.5 cm alto, 10.7 cm ancho) con emulsión de gelatino-bromuro.

Estamos en uno de los extrarradios de Bilbao, el paseo de Los Caños, que partía de la calle Atxuri y, discurriendo por el borde de la ría, llegaba hasta Miraflores, ya en el barrio de La Peña. Emiliano de Arriaga (Lexicón, 1896) dedica varias páginas a aquel lugar, narrando su geografía, historia, anécdotas, urbanismo, transporte, paisanaje… Nos dice que era un “paseo delicioso, pintoresco, poético”, y atrae su atención “en la frontera orilla una enorme fachada con ciento trece huecos, de cierto moderno caserón que participa de convento, de cuartel, de fábrica y de casa de vecindad, sin ser esto, ni lo otro, ni lo de más allá”, que ha venido a desentonar el cuadro.

Esa fachada con ciento trece huecos de la que habla Arriaga la queremos reconocer en esta fotografía si observamos la edificación que aparece en la margen izquierda, mirando a las aguas. A las lavanderas Arriaga no dedica ni una palabra, nada de nada. Sin embargo Abaitua nos hace visibles a estas mujeres y su duro oficio. Ella, curiosamente, las retrató en este ribazo y un poco más adelante, junto al molino del Pontón (ver Abaitua, Gure Aurreko AndrakMujeres Vascas de Ayer, 1990, foto 28).

Otras cuatro fotografías más ilustran ese sitio: ABA–00730, detalle de dos de las lavanderas que aparecen en ABA–00028; ABA–00833, paisaje desnudo de gentes donde se nos muestra, en la parte izquierda, las instalaciones de la fábrica de harinas del Pontón, la de Vildósola e Hijos, y el recién estrenado puente de La Peña para el tranvía de Durango, obra del ingeniero Gabriel Rebollo, con 178 metros de largo, el primero de hormigón que se hizo, construido entre 1901 y 1904; ABA–00835 y ABA–00836 se refieren al arbolado del sitio con sus cuestas cubiertas de verde y los caminos de paseo.

Pero volvamos a lo nuestro. Gracias a Abaitua podemos unir aquel relato de Arriaga y estas imágenes para hacernos una idea, algo más adecuada, de lo que era uno de los lavaderos de Bilbao en torno al 1900. Parece ser que a principios de 1890 hubo un proyecto de lavadero en un solar al inicio del paseo de Los Caños pero no se llegó a construir porque dos años más tarde la Compañía de Ferrocarril de Bilbao a Durango solicitaba parte de ese espacio para sus instalaciones (Archivo Histórico Foral de Bizkaia, Municipal, Bilbao cuarta 0070/004 y Bilbao cuarta 0129/008).

Podemos seguir analizando la fotografía de estas humildes lavanderas sacadas del olvido para comprobar cómo vestían, qué baldes usaban, en qué territorio laboral se desenvolvían. Eran asalariadas de la burguesía bilbaína que, sin organización gremial ni sindical, trabajaban de rodillas tras la piedra, a cielo abierto, utilizando el agua de la ría, jabonaban, restregaban y aclaraban; luego colgaban la ropa al sol, en las cuerdas que vemos atadas a los chopos, o quizá álamos, desnudos porque era invierno, la recogían y la llevaban a planchar. Este oficio se perdió y con él cuánto saber. Lo desconocemos.

Y también se aprecia el empedrado del paseo, el que aparece a mano izquierda de la imagen, y pegadito a él están los caños o tuberías, cubiertos con losas formidables, que traían el agua del río, desde el Pontón a la alberca de la villa, situada en la actual finca de Kutxabank, entre la calle de Ronda y la calle Zabalbide.

Eran otros tiempos que Eulalia Abaitua nos ilustra y, aun siendo una visión sesgada por el ojo de esta autora, nos sirve para aprender algo más de nuestro pasado, de aquellas personas y sus paisajes.

Maite Jiménez Ochoa de Alda – Técnica del Euskal Museoa Bilbao Museo Vasco


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